miércoles, 8 de febrero de 2012

EL DIBUJANTE 2.0 LA MUERTE DE SARDANÁPALO


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La Muerte de Sardanápalo

by Juan Muro

Eugène Delacroix. 1827

La Muerte de Sardanapalo, 1827, Óleo sobre lienzo. Delacroix, 395 x 495cm, Museo del Louvre. Paris
Este famoso cuadro de Eugène Delacroix fue expuesto en el Salón de Paris del año 1827, precisamente enfrente del que presentó su enemigo íntimo, el pintor Ingres, confrontando así las dos fuertes tendencias de la pintura del momento, el romanticismo y el  neoclasicismo. Hoy consideramos a “La Muerte de Sardanápalo” como la obra cumbre y el manifiesto del romanticismo, pero en aquella exposición fue muy criticado y supuso un enorme escándalo. Además, dado que no fue defendido ni por sus amigos, las críticas y burlas provocaron que Delacroix se retirara de cualquier comparecencia pública durante cinco años. Sin embargo esta maravillosa pintura es vista hoy con nuevos criterios que la ensalzan como uno de los puntales de la pintura universal. Vamos a verla con detalle

martes, 7 de febrero de 2012

EL DIBUJANTE 2.0 LOS MOROS DE TAPIRÓ..


José Tapiró (1836 - 1913)

Un pintor catalán, -amigo íntimo de Fortuny´-, de quien es España se sabía poco y se hablaba menos, hacía desde su casa en Marruecos retratos a la acuarela de prototipos de gentes marroquíes, con una técnica tan sublime y unos resultados tan maravillosos que pronto sus acuarelas comenzaron a ser muy codiciadas en todo el mundo, y mientras tanto los españolos sin enterarse de nada.
Su maestro fue el pintor de su cidad natal, Reus, Domènec Soberano. Completó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y, posteriormente, en Madrid y en Roma. Tras su primer viaje a Tánger en 1871, acompañado de su amigo y compañero de estudios Mariano Fortuny, comenzó a reflejar las escenas del Marruecos que conocieron.
Después de la muerte de Fortuny se instala definitivamente en Tánger, hasta su muerte en 1913, tras una breve estancia en España entre 1907 y 1908. Durante todos aquellos años plasmó con precisión y preciosismo escenas africanas de la época, mostrando una especial maestría en la técnica de la acuarela.
Tapiró estuvo muy influido por la pintura africanista de Fortuny, lo que se encuadraba en el romanticismo orientalista. Sin embargo su visión y técnica fueron muy diferentes, por eso no debemos agruparlos bajo el mismo epígrafe. Tapiró observaba a los retratados bajo el prisma de un antropólogo, cuidando de reflejar todos y cada uno de los detalles que delatan su carácter, posición social y aspecto.
Con sus retratos Tapiró no trataba de contarnos sus costumbres, aunque sus maravillosos ropajes, realizados con unas texturas imposibles de conseguir, con una iluminación cuidada y equilibrada y con un color específico de Marruecos, delatan al portador.
Y no son solo los extraordinarios detalles de telas y tocados, joyas y adornos varios lo que hace que estas acuarelas destaquen especialmente. La sobriedad de los caracteres personales, la placidez de los personajes y las profundas miradas de cada uno de ellos demuestran que el pintor realiza un trabajo muy complejo y muy elaborado, en el que no deja resquicios interpretativos tan propios de una técnica, que, recordemos, no puede corregirse y en la que cualquier brochazo es una mancha que permanece.
Para Tapiró cada elemento del retrato es protagonista del cuadro. No retrata a un moro mal vestido con una tela de saco raída: el suyo es un retrato de la tela de saco perfectamente armonizada en el entorno de su portador. Cada uno de esos elementos ha debido ser analizado separada y pormenorizadamente, estudiados sus volúmenes, la caída de la tela, su consistencia, las arrugas, las sombras que proyecta y las que recibe.
Y todo ello sin dejar de lado los procesos esenciales de la acuarela, los lavados del papel para conseguir superficies de color casi uniformes o degradados sutiles y suaves; Los enmascaramientos para las roturas y el frotis para evitar los trazos gruesos de pincel o lápiz que en esa época y estilo hacían perder calidad al dibujo.
Sus encarnaciones oscuras conseguidas con sombras azules frente a los ocres rojizos son prodigiosas. Es de suponer que un maestro tan refinado como don Josep conociera y usara todos y cada uno de los recursos que la técnica de la pintura de agua ponía a su disposición, desde el lápiz acuarelable hasta el resaltado de sanguina blanca o la máscara de cola líquida.
Pero no es solamente este preciosismo técnico lo que nos deja absortos ante estas pinturas, sino su atrevimiento, propio de un gran maestro que domina su trabajo, para plasmar por ejemplo un rostro negro solo rodeado por una tela blanca, lo que le obliga a ejecutar un fondo de azules que a su vez mancha de luz coloreada la cara oscura y la tela, en un alarde de equilibrio luminoso pocas veces conseguido.
La fuerte dignidad que emana de cada uno de sus personajes retratados, sostenida en la placidez que comentamos, contrasta hoy con la pobreza de los ropajes que muchos de ellos lucen. Estos son retratos psicológicos de personas concretas de cuya existencia no dudamos. Personas que no hacen nada, solo dejarse retratar, pero cuya presencia se hace tan real como si hubieran sido fotografiadas, eso sí, por el ojo fabuloso de un artista sin igual.
Así nos encontraremos frente al noble árabe que no necesita de adorno alguno para demostrar su categoría personal, pues su turbante blanco le otorga por si solo la autoridad necesaria y solo atribuible a los respetables ancianos de poblada barba, pero también frente a las bellezas de las jóvenes del norte de África recargadas de joyas y bisutería que mantienen sus rostro descubierto enarbolando la bandera de su propia personalidad.
Solo los grandes pintores son capaces de extraer en ocasiones la belleza de donde otros no podrían apreciarla, y es el caso de Tapiró que puede retratar a cualquier personaje del pueblo, por harapiento que parezca, y transformarlo en todo un ser inteligente y sereno, que transmite sensaciones de ser absoluto dueño de su apariencia y de su imagen, por más que sea todo jirones, pelo enmarañado y nariz enrojecida.
Tapiró encuentra en Marruecos una civilización muy diferente a la suya, y para desentrañarla acomete estos retratos en los que realiza un análisis escrutinizador de prototipos raciales y sociales que entusiasmaron al mundo y que hoy vuelven a ser muy altamente valorados, aunque no solo económicamente.
En este aspecto, algunas acuarelas de retratos de Tapiró fueron subastadas hace pocos años en Christie's de Londres, con unos precios de salida que rondaban los 80 a 100 mil euros. Estos precios de salida, resultaron inmediatamente muy superados pues la voracidad coleccionista de los poderosos jeques árabes de riqueza petrolífera no deja lugar a pujas variadas.

jueves, 2 de febrero de 2012

IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN. ( OLULA DEL RÍO ).



La iglesia de San Sebastián, en Olula del Río, se construye entre 1780 y 1789. Responde a uno de los últimos proyectos de Ventura Rodríguez, ejecutado por el arquitecto académico Juan Antonio Munar. El inmueble representa uno de los mejores ejemplos del estilo neoclásico en la provincia, con planta de cruz griega, tendente a crear un espacio centralizado. Se trata de un edificio singular que resume los postulados del arquitecto, cuyos rasgos más destacados son la claridad geométrica, ángulos agudos e ininterrumpidos, pilastras reducidas y moldes de perfiles elementales que caracterizan la sobriedad y limpieza de las formas, elementos que hacen que se considere uno de los templos más interesantes del siglo XVIII en Almería.


La delimitación afecta a la totalidad del inmueble. Incluye el templo de cruz, antesacristía, sacristía,torre-campanario,capilla bautismal y el almacén-cochera. Ocupa parcialmente la parcela catastral 07 de la manzana 23458.
La iglesia de San Sebastián se estructura con planta de cruz griega, cuyos brazos están realizados mediante muros curvos que terminan en frente plano, donde se sitúan capillas. Estas se abren a través de un arco de medio punto rehundido en el muro, con óculo superior cubierto con vidriera y recercado en su parte inferior por una amplia moldura que continúa horizontalmente adosada al paramento de la zona altar del interior del templo. El espacio central de la planta se cubre con bóveda baída.
La capilla mayor se halla a nivel más alto que el resto de la iglesia. Se accede a través de una escalinata, compuesta en ambos lados de una baranda de balaustres de mármol, despuesta en ángulo recto y que delimita a su vez el presbiterio.
En el testero se encuentra un retablo realizado en obra y estuco, consta de un rectángulo central flanqueado por dos columnas corintias sobre plinto y entablamento superior coronado con frontón triangular.
El retablo presenta el parámetro policromado predominando los tonos verdes, ocres y dorados.
A los pies del templo se ubica el coro alto compuesto de antepecho de balaustres de madera. Tiene acceso a través de una escalera de caracol situada en en lado izquierdo de la entrada a la iglesia.
En el lado izquierdo del presbiterio se abre el acceso a la capilla Bautismal, cuyos muros se encuentran decorados con pinturas alegóricas al bautismo de Cristo, realizadas por A.Molina y fechadas en 1932. Esta capilla comunica con el almacén-cochero, antigua sacristía, de planta cuadrangular.
Adosado a uno de sus muros conserva un aguanamil de mármol compuesto de taza circular.
El exterior de la iglesia presenta el parámetro revocado y pintado de blanco, excepto el zócalo donde se aprecia la fábrica de mampostería, el recercado de los óculos que se abren en tres de sus lados, y la doble moldura que recorre horizontalmente la zona superior de las fachadas, todos se encuentran de color gris.
La fachada de los pies del templo sigue el esquema neoclasico recogido por la geometria y limpiezas de formas,
La portada consta de un vano adintelado recercado de piedra y entablamento superior coronado con una cornisa moldura. Sobre el conjunto se abre un óculo cubierto con vidriera. Corona la fachada un frontón triangular moldurado.
La torre se halla detrás de la cabecera del templo. El acceso a su interior se realiza a través de una escalera de desarrollo helicoidal. Consta de base, tres cuerpos separados por sencillas molduras y cubierta a modo de cupulino.
El primer y segundo cuerpo muestra el paramento cerrado ubicándose en el segundo un reloj que conserva la maquinaria original.
El tercer cuerpo se compone de un vano de medio punto en cada uno de sus frentes que albergan campanas excepto en uno de sus vanos que muestra una rueda de tren que cumple con la misma funcion.